La autoridad de la Escrituras

Este es uno de los temas más fundamentales de la fe cristiana. Esto lo hace muy común para nosotros, pero a la misma vez su frecuencia lo hace muy importante. Consideremos tres aspectos de la autoridad de las Escrituras: lo central de las Escrituras para la vida cristiana, lo supremo de las Escrituras para la vida cristiana y lo suficiente de las Escrituras para la vida cristiana. Hoy día, muchas iglesias tratan de basar o poner su fundamento en alguna moda, en sus esfuerzos para obtener una mayor audiencia o mejores ofrendas; otros pastores tratan de comercializar o «vender» sus iglesias como centros de entretenimiento. Pero en vez de estos enfoques, nuestras iglesias deben ser lugares donde cada persona pueda darse cuenta de su condición de incapacidad y aprender de la gracia redentora de Cristo en la cruz del Calvario. El fundamento de nuestra vida en Cristo no es cultural, sino que se fundamenta en la cruz de Cristo como está revelado en la Escritura. La Palabra de Dios nos une en la familia de Dios.

La Biblia es central para la vida cristiana

Necesitamos poner las Escrituras como el centro de nuestra vida cristiana. Hay al menos tres razones por las cuales la Biblia merece el lugar central en la vida cristiana.

1. La Biblia es el único libro inspirado por Dios

La Biblia no vino «por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo» (II Pedro 1:21). Como el libro que es único en cuanto a su origen, dado por Dios con el propósito de traernos a la fe y de guiarnos a través de la vida, debiera ser central en nuestra vida cristiana.

2. Es el único libro sin error en su contenido

La Biblia es absolutamente perfecta y sin error en cada declaración que hace. Como un libro que es perfectamente único en su carácter, completamente confiable en todo lo que dice, debemos hacer de su aprendizaje y de su aplicación, en cuanto a lo que enseña, la prioridad en nuestras vidas.

3. Es el único libro iluminado por el Espíritu Santo

En 1 Corintios 2:14-15 dice, «Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie». Si vamos a entender las Escrituras, tenemos que tener al Espíritu Santo para discernirlas. Nuestro entendimiento está ennegrecido; nuestras mentes pueden ser engañadas; tenemos la capacidad de convencernos que entendemos cierto pasaje o principio cuando en realidad no es así. Nosotros aprendemos a través del estudio diligente y de la oración, y aun así estar en error por el engaño del pecado. Para entender la verdad, debemos tener un intelecto honesto. Debemos estar preparado para creer lo que Dios dice en Su Palabra; debemos creer lo que ésta enseña y estar dispuestos a cambiar nuestros prejuicios. Si encuentro que la Escritura enseña algo contrario a lo que creo, algo contrario a lo que se me ha enseñado o contrario a la manera en que he vivido, debo estar dispuesto a cambiar lo que creo o lo que vivo y aceptar la Escritura. Si yo encuentro en mi estudio de la Palabra de Dios, que ésta no enseña lo que yo pensaba que enseñaba o lo que se me ha enseñado, yo debo estar dispuesto a admitir que estoy en error. La verdad no es verdad simplemente porque eso es lo que se te ha enseñado; «lo que se te ha enseñado de acuerdo a la Palabra de Dios, es verdad, y lo que se te ha enseñado y no está de acuerdo a la Palabra de Dios, no es verdad» (J. Edwin Hartill, Principios de Hermenéutica Bíblica, p. 68). La Biblia debe ser central a nuestra vida cristiana porque es el único libro inspirado por Dios, sin error en su contenido e iluminada por el Espíritu Santo.

En un funeral el predicador dijo que él creía que el espíritu del difunto andaba en aquel cuarto en aquel mismo momento. ¿Por qué él creyó esto? Bueno, él dijo que él cree que Dios ciertamente le permite al espíritu del difunto estar en su propio servicio fúnebre, para que él pudiera ver y escuchar lo que la gente decía de él y para que sus parientes le dijeran adiós. En sí, lo que este pastor piensa es que el alma del muerto se queda por ahí, simplemente porque el pastor siente bien en pensar que esto es verdad. ¿Habrá alguna manera de poder determinar si este pastor está en lo correcto? Por supuesto que la hay. Debemos ir a la Escritura para ver si lo que este pastor enseñó es enseñado en la Biblia; y encontraremos que esto no es verdad. Para él creyente el estar «ausentes del cuerpo» es estar «presentes con el Señor» (2 Corintios 5:8). Para el incrédulo, el morir es estar inmediatamente y conscientemente en el tormento del infierno (Lucas 16:22-23). La autoridad de lo que creemos debe ser la Biblia, y no lo que nos hace sentir bien personalmente.

La supremacía de las Escrituras en la vida cristiana

Un segundo aspecto de la autoridad de las Escrituras es la supremacía de las Escrituras para vivirla vida cristiana. En Juan 14:15, Jesús les dijo a sus discípulos, «Si me amáis, guardad mis mandamientos». En 2 Timoteo 3:16, se nos enseña que, «Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia». La Biblia es el único libro con prioridad suprema. En 1 Tes. 5:21, el apóstol Pablo nos reta a «examinadlo todo; retened lo bueno». Cada cosa que creemos y cada cosa que hacemos debe ser examinada por lo que es enseñado en la Biblia. Todo otro libro es de ayuda sólo hasta el punto en el cual nos ayudan a entender y obedecer la Palabra de Dios. Nunca permita que cualquier libro tome el lugar de las Escrituras en su vida. Aún más, ningún maestro de la Biblia debe tomar el lugar de la misma Biblia; no importa cuán gran alcance tiene su programa de radio, ni cuán reconocido es su nombre, ni cuán prestigiosa es su reputación. Un maestro es sólo confiable y de ayuda hasta el punto en donde está de acuerdo con la Biblia. Nunca juzgue cuán bueno es un maestro por lo grande de su audiencia. El hecho de que un hombre se llame a sí mismo un cristiano, no garantiza que todo lo que enseña está de acuerdo con la Biblia. Tenemos que evaluar cada cosa enseñada por cada maestro a la luz de las Escrituras. También debemos entender que ni una sola supuesta «nueva revelación» toma precedencia sobre las Escrituras. Yo desconfío de la persona que me dice, «Dios me dijo…», o «Jesús me dijo…», a menos que ellos están hablando de algo que encontraron en la Biblia. Ningún libro, ni percepciones son inspirados. Dios ya nos ha dicho lo que tiene que decirnos en su Palabra. Las Escrituras son nuestra autoridad final.

Para que las Escrituras sean supremas en nuestras vidas, debemos reconocer que la Biblia es el único libro con autoridad suprema. Dios le dio a Josué la fórmula del éxito para el trabajo al cual le llamó; en Josué 1:8, Dios le dijo: «Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien». Tenemos que recordar que nuestra conducta será juzgada por la Biblia; nuestras creencias serán juzgadas por este Libro; nuestra cultura será juzgada por este Libro.

En el Día de Juicio, nuestro Señor no buscará referencias de nuestros vecinos para saber que pensaron de nosotros, tampoco buscará nuestro certificado de buena conducta, tampoco hará que llenemos un formulario en cuanto a nuestra ideología política. Dios evaluará cada pensamiento, hecho y palabra nuestra de acuerdo a su Palabra. Si verdaderamente creyéramos esto, estoy seguro que consideraríamos la Biblia con mayor seriedad; nos aplicaríamos un poco más para conocerla y nos someteríamos aun más a su autoridad.

La suficiencia de las Escrituras para la vida cristiana

La mayoría de los fundamentalistas están de acuerdo con lo que hasta aquí he dicho. Un cristiano fundamentalista acepta la importancia y la supremacía de las Escrituras. Sin embargo, parece haber algunas diferencias entre los fundamentalistas en cuanto a cuan SUFICIENTES son las Escrituras para ayudarnos a vivir la vida cristiana. Estamos muy prontos a citar 2 Tim. 3:16 para hablar de la autoridad de la Biblia, pero muchas veces nos olvidamos del próximo versículo (3:17) que dice que el propósito de las Escrituras es «que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra». No dice que el fin es que «el hombre de Dios tenga un buen comienzo», sino dice que el propósito es que el hombre de Dios tenga todo lo necesario para estar completamente preparado para hacer todo lo que Dios quiere que la persona haga. Puesto que ésta es la verdad, debemos cultivar una dependencia en hacer lo que la Palabra de Dios dice. Firmemente creo que hay cinco etapas para hacer esto:

1. Atención a la enseñanza de la Biblia

En Heb. 13:17 se nos manda «obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no es provechoso». En Efesios 4:11-13, el apóstol Pablo nos dice el por qué Dios le dio maestros y predicadores a la iglesia: «Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo». El método de Dios para enseñarle a su pueblo es primeramente a través de los pastores y evangelistas. Debemos darle atención a la Palabra de Dios «hasta que todos lleguemos… a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo».

2. Diligentes en el estudio de la Biblia

En Hechos 17:11 se pone como ejemplo a los creyentes en Berea por su estudio personal de las Escrituras, diciendo que «éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la Palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así». Pablo retó al joven pastor Timoteo a amaestrarse en la Palabra a través del estudio personal, cuando dice en 2 Tim. 2:15: «Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la Palabra de verdad». Los pastores y evangelistas pudieran estar en error. Yo tengo la capacidad de ser engañado y sería muy arrogante de cualquier maestro de las Escrituras asumir que entiende perfectamente todas las enseñanzas de las Escrituras. Solamente se puede reconocer el error en algún maestro, predicador o escritor, si se comparan sus enseñanzas con las Escrituras.

3. Meditar en la Biblia

En Salmos 1:1-2 se resalta la importancia de la meditación en la Palabra de Dios al decir, «Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche». La meditación también fue una parte principal en las instrucciones dadas por Dios a Josué en Josué 1:8, al cual ya nos hemos referido. También, Pablo le instruyó al pastor Timoteo en 1 Tim. 4:15 diciendo: «ocúpate en estas cosas; permanece (medita) en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos». Tenemos que aplicarnos la Palabra a nosotros mismos, preguntándonos, «¿qué es lo que este pasaje dice que debo hacer, decir o pensar para ser más conforme a la imagen de Cristo?»

4. Ponerla en práctica

En Santiago 1:22 dice, «Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos». Dios quiere que su Palabra cambie nuestra manera de vivir. Tenemos que reconocer que no importa cuán avanzados somos en edad, o cuánto tiempo hemos sido salvos, o cuánto hemos sido enseñados, o cuán fielmente hemos servido, todavía no somos perfectos; y si no somos perfectos, hay faltas y debilidades que tienen que ser reconocidas y corregidas. Entre más avanzados en edad somos, más tiempo llevamos salvos, más hemos sido enseñados, más fielmente hemos servido, más difícil es reconocer nuestras faltas y debilidades, sino que estamos prontos a justificarnos y a no tomar responsabilidad por ellas. Y para que la Palabra haga su obra cambiando nuestras vidas, tomará verdadera valentía de parte nuestra.

5. Proclamarla con denuedo

En estos tiempos se habla mucho de la llenura del Espíritu Santo; y la mayoría de lo que se dice o enseña malinterpreta lo que la Biblia verdaderamente dice. De acuerdo a Hechos 4:31, la evidencia de la llenura del Espíritu Santo no es una experiencia de éxtasis, sino una proclamación con denuedo. «Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios».

La Biblia es central, es suprema y es suficiente para la vida cristiana. Nosotros decimos creer que la Palabra de Dios es inspirada, sin error y que tiene toda autoridad, ¿vivimos de tal manera que otros puedan decir que creemos lo que clamamos creer?

Cierta noche en el mar, el capitán de un barco vio las luces de lo que parecía ser otro barco que se acercaba al suyo. El capitán ordenó que se le notificará al otro barco: «Cambia tu dirección 10 grados al sur». La respuesta fue: «Tú cambia tu dirección 10 grados al norte». El capitán volvió a enviarle un mensaje diciendo: «Soy un capitán, cambia tu dirección 10 grados al sur». Le contestaron lo siguiente: «Soy solamente un marinero, cambia tu dirección 10 grados al norte». El capitán se enojó y dijo: «Te ordeno que cambies tu dirección al sur; estoy en un barco de guerra». A tal orden escuchó: «Te ordeno que cambies tu dirección al norte; estoy en un faro».

Estamos en el faro, no porque seamos superiores a otros, sino porque estamos anclados en la Roca Firme de Jesucristo y su Palabra. No debemos ser intimidados por capitanes en barcos de guerra. Tenemos que mantenernos con la frente en alto y confiados en la Palabra de Dios como el único fundamento seguro y la suprema autoridad de nuestras vidas.

Nunca sobrepasas el evangelio

Martyn Lloyd-Jones cuenta la historia de cómo la iglesia en la que él se crió, comenzó con gran avivamiento, pero este mismo murió con el tiempo. Cuando preguntó qué era lo que había llevado a la iglesia a tal declive, un señor mayor lo atribuyó al hecho de que cuando se llevó a cabo ese avivamiento, el evangelio se anunciaba de manera regular y poderosa, pero con el paso del tiempo se supuso que ya no se necesitaba proclamar el evangelio, ya que los que asistían a la iglesia ya eran cristianos.

LLOYD-JONES SE DETERMINÓ A SIEMPRE PREDICAR EL EVANGELIO, SIN IMPORTAR A QUIEN LE PREDICARA. 

No solamente consideraba que era una «suposición fatal» el pensar que porque alguien va a la iglesia, seguro ya es cristiano, sino que también creía que los cristianos nunca sobrepasan su necesidad de escuchar el evangelio. 

El evangelio no es un buen consejo acerca de lo que debes hacer para Dios, el evangelio son las buenas noticias de lo que Dios ha hecho por ti en Cristo. Pablo dice que el evangelio es “El poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16). Pablo dijo a los efesios que fue cuando oyeron el evangelio de salvación y creyeron en Jesús que ellos fueron salvos (Efesios 1:13)

Claramente, aquellos que aún no creen, necesitan escuchar el evangelio, para que sepan quien es Jesús y lo que Él ha hecho por ellos, para que crean y sean salvos. Pero ¿qué pasa con los que ya creen? ¿qué es lo que ellos necesitan? ¿Instrucción bíblica? Absolutamente. Sin embargo, ¿sabes que otra cosa necesitan los creyentes para crecer en su fe y en su relación con Dios? Necesitan escuchar el evangelio.

EL EVANGELIO NO ES SOLO EL PUNTO DE PARTIDA DEL CRISTIANISMO; ES EL CORAZÓN LATIENTE DEL CRISTIANISMO.

En su carta para la iglesia de Galacia, Pablo le escribió a un grupo de cristianos, quienes, a pesar de ser seguidores comprometidos de Jesús, aún trataban de justificarse ante Dios por medio de sus propias obras. Así que Pablo le escribe a estos creyentes para recordarles del evangelio y darles instrucción: lo que Jesús había logrado por ellos, y lo que eso significaba para sus vidas.

 “¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿vais a terminar ahora por la carne?” (Gálatas 3:3).

A pesar de que ya eran creyentes, aún tenían la necesidad de escuchar el evangelio.

Esto no es un tema exclusivo de la carta de Pablo a los gálatas, más bien, es un patrón que vemos a través de las cartas apostólicas en el nuevo testamento. Cuando los apóstoles escribieron a  los cristianos primitivos, no se enfocaron meramente en decirles cómo deben vivir ahora que son seguidores de Jesús, sino que también les recordaron el evangelio y los animaron a responder al evangelio en cada área de sus vidas.

EL PATRÓN DE LOS APÓSTOLES ERA RECORDARLE A LOS CREYENTES DEL EVANGELIO, COMO MOTIVACIÓN Y EL PATRÓN PARA LA VIDA CRISTIANA. 

LO QUE ESTO SIGNIFICA ES QUE NUNCA CESA TU NECESIDAD DE ESCUCHAR EL EVANGELIO. NO IMPORTA CUÁNTO TIEMPO LLEVA ALGUIEN DE SER CRISTIANO, NUNCA LLEGARÁN AL PUNTO EN EL QUE NO NECESITARÁN ESCUCHAR EL EVANGELIO.»

Significa que el evangelio no solo es le medio por el cual las personas son salvas, sino que también es el medio por el cual crecemos al creer, abrazar y aplicar el evangelio en cada área de nuestras vidas.

Cuando Pablo instruye a los efesios acerca del matrimonio, él no le dijo a los esposos y a las esposas que se amen y respeten entre sí porque es “lo correcto,» sino que los instruyó sobre el matrimonio en base al evangelio (Efesios 5:22-33).

Cuando Pablo le escribió a los corintios acerca de la generosidad, no les dijo que esto era lo que tenían que hacer porque eran cristianos, sino que apeló en base al evangelio: “Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, sin embargo por amor a vosotros se hizo pobre, para que vosotros por medio de su pobreza llegaréis a ser ricos.”(2 Corintios 8:9) 

ESTA ES MOTIVACIÓN EN BASE AL EVANGELIO DE LA GRACIA DE DIOS.

Mientras que las leyes pueden controlar el comportamiento, no tienen efecto en el corazón. En cambio, cuando el corazón es cambiado por la gracia y amor de Dios, las acciones procederán por igual.

El patrón apostólico en el nuevo testamento es el predicar el evangelio tanto a no creyentes como creyentes y demostrar cómo es que el evangelio nos habla a cada área de nuestra vida. Que seamos quienes seguimos este patrón, aplicando el evangelio en toda nuestra vida, y proclamemos fielmente en todo lugar, enseñando o predicando, sin importar nuestro público.

¿Qué es el Evangelio?

El Evangelio son las buenas noticias de que Dios salva a los pecadores. El hombre es pecador por naturaleza y está separado de Dios sin esperanza alguna de remediar tal situación. Pero Dios ha provisto los medios para la redención del hombre; en la muerte, sepultura y resurrección del Salvador, Jesucristo.

La palabra “evangelio” significa literalmente “buenas nuevas.” Pero para comprender verdaderamente que tan buenas son estas noticias, debemos entender primeramente las malas noticias. Como resultado de la caída del hombre en el Jardín del Edén (Génesis 3:6), cada parte del hombre – su mente, voluntad, emociones y carne – han sido contaminadas por el pecado. Por la naturaleza pecadora del hombre, él no busca ni puede buscar a Dios. Él no tiene el deseo de venir a Dios y, de hecho, su mente mantiene una hostilidad hacia Dios (Romanos 8:7). Dios ha declarado que el pecado del hombre lo condena a una eternidad en el infierno, separado de Él. Es en el infierno donde el hombre paga el castigo por pecar contra un Dios santo y justo. Ciertamente estas serían malas noticias, si no existiera un remedio.

Pero en el Evangelio, Dios, en Su misericordia, ha provisto ese remedio, un sustituto para nosotros – Jesucristo – quien vino a pagar el castigo por nuestro pecado, mediante Su sacrificio en la cruz. Esta es la esencia del Evangelio que Pablo predicaba a los corintios. En 1 Corintios 15:2-4, él explica los tres elementos del Evangelio – la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo a nuestro favor. Nuestra vieja naturaleza murió con Cristo en la cruz y fue sepultada con Él. Entonces nosotros fuimos resucitados con Él a una nueva vida (Romanos 6:4-8). Pablo nos dice que nos “sujetemos firmemente” a este verdadero Evangelio, el único que salva. Creer en cualquier otro evangelio es creer en vano. En Romanos 1:16-17, Pablo también declara que el verdadero Evangelio “Es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree,” con lo cual él nos dice que la salvación no se logra mediante el esfuerzo del hombre, sino por la gracia de Dios a través del don de la fe (Efesios 2:8-9).

Mediante el Evangelio, a través del poder de Dios, aquellos que creen en Cristo (Romanos 10:9) no solo son salvados del infierno. De hecho, nos es dada toda una nueva naturaleza (2 Corintios 5:17) con un corazón cambiado y un nuevo deseo, voluntad, y actitud que son manifestados en buenas obras. Este es el fruto que el Espíritu Santo produce en nosotros por Su poder. Las obras nunca son los medios para la salvación, pero sí son la prueba de ella (Efesios 2:10). Aquellos que son salvados por el poder de Dios, siempre mostrarán la evidencia de la salvación por medio de una vida transformada.

Apartado para morir y vivir

«Cuando Cristo llama a un hombre, le ordena venir y morir». Dietrich Bonhoeffer tenía unos treinta años cuando escribió estas palabras en su obra clásica El Precio del Discipulado. Ocho años más tarde fue ejecutado por sus crímenes contra el Tercer Reich. El médico de la prisión quién fue testigo de la ejecución de Bonhoeffer escribió, «En los casi cincuenta años que trabajé como médico, difícilmente he visto morir a un hombre tan completamente sumiso a la voluntad de Dios.» Las palabras del médico no podrían haber sido más apropiadas para describir no sólo la manera en que Bonhoeffer se sometió a Dios en la muerte sino también la manera como se sometió a Dios en vida. Durante su vida y en su muerte, Bonhoeffer se aferró a una verdad fundamental: ser apartado para Dios es ser apartado para morir, morir al pecado, al libre albedrío, y a la vida misma – a tomar diariamente nuestras cruces y vivir para Cristo y abrazar la verdadera libertad que sólo viene cuando Cristo llama a un hombre a morir y vivir en abundancia en El.

La santificación es una doctrina bíblica muy simple, sin embargo, es tal vez la doctrina más difícil de comprender. En cierto sentido, la santificación es tan simple como entender el lenguaje bíblico de serpuesto aparte, consagrado, o santo. Y en otro sentido, es tan amplio como la aplicación de la Sagrada Escritura a toda la vida y a la adoración. La Asamblea de Westminster nos proporcionó una de las explicaciones más útiles y concisas acerca de la santificación (CSM 35), aún quedan preguntas sobre la naturaleza precisa de la obra de Dios y nuestro trabajo en el Espíritu-el trabajo forjado de la santificación. Mediante la sola gracia a través de la sola fe porque solamente a través de Cristo, es que somos santificados posicionalmente, aunque de alguna manera misteriosa, Dios ha elegido trabajar soberanamente en nosotros, a través de nosotros, y con nosotros para santificarnos progresivamente por Su libre gracia, por medio del arrepentimiento, la fe y la obediencia, que nosotros, podamos morir más y más al pecado y vivir para la justicia.

Sin embargo, a pesar de esto puede existir un cierto grado de misterio con respecto a la forma en que somos santificados en la santidad, sin la cual nadie verá al Señor, lo que sí sabemos es esto: Nuestra santificación se establece en él quién no conoció pecado, pero que se hizo pecado por nosotros y quien murió por nosotros para que nosotros, estando muertos en Él vivamos para él, para que podamos reinar con Él sin el poder o la presencia del pecado en nosotros. Es sólo entonces que nuestros rostros revelan nuestra verdadera y permanente alegría en Aquel que ha hecho una oferta a nosotros para venir y morir, y vivir en él.

Por Burk Parsons sobre Santificación & Crecimiento
Una parte de la serie Tabletalk. Traducción por Jaime Duran.

Bajo el cuidado del Buen Pastor

El Señor es mi pastor, Nada me faltará.
En lugares de verdes pastos me hace descansar; Junto a aguas de reposo me conduce.
El restaura mi alma; Me guía por senderos de justicia Por amor de Su nombre.
Aunque pase por el valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo; Tu vara y Tu cayado me infunden aliento.
Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos; Has ungido mi cabeza con aceite; Mi copa está rebosando.
Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa del Señor moraré por largos días.

Salmos 23:1-6

Este salmo es una poesía hermosa que gusta a muchos, probablemente esta belleza es la razón principal por la cual este es uno de los los textos mas famosos de la biblia. En particular, una parte del versículo cuatro  ha sido citada en un sin numero de conversaciones y publicaciones en redes sociales en estos tiempos de pandemia. Muchas personas encuentran en las palabras, “aunque pase por valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno,” una fuerte motivación para continuar en medio de estos días sombríos. Sin embargo encontrar una simple motivación para continuar esta lejos del mensaje que el salmista esta dando.

En la primera parte del mensaje encontramos la introducción que consta de dos partes:

  1. El Señor es mi pastor
  2. Nada me faltara.

En la primera parte de la introducción, David establece como prerrequisito estar dentro de la relación pastoral. Sugel Michelen dice que la bendición esta en la gramática y en este caso la bendición esta en el pronombre posesivo “mi”, es decir, la bendición viene de pertenecer al redil de Señor, de reconocerle a El como “mi” pastor. La relación de Cristo con su pueblo a menudo se presenta en la figura de pastor (1Pedro 2:25; Juan 10:14; Hebreos 13:20; 1Pedro 5:4). Entonces solo a las ovejas del Señor aplica la segunda parte de la introducción y por ende el resto del texto. Al reconocer a Jesus como nuestra única esperanza de salvación, al poner toda nuestra fe en su perfecta obra es que somos adheridos a este rebaño, al cual hoy se conoce como la iglesia de Cristo.

La segunda parte de la introducción es la consecuencia de someterse al cuidado amoroso y sabio del Buen Pastor. Aquí hay que hacer una pausa y meditar bien, es necesario no malinterpretar este texto, ya que “nada me faltara” no significa que Jesus va a cumplir todos nuestros caprichos. Vemos que en el versículo dos dice que «El nos hace descansar «y «nos conduce a aguas de reposo«, lo que solo significa que su soberana voluntad nos guía y conduce al lugar donde nuestras necesidades son cubiertas..

En los versos dos y tres podemos ver que el descanso, el reposo, la restauración de nuestra alma y la justicia son nuestras verdaderas necesidades. Todas estas cosas fueron traídas y aseguradas por la obra de Jesus. El nos trajo descanso y reposo al darnos en paz para con Dios (Romanos 5:1), restauro nuestra alma en el nuevo nacimiento (2 Corintios 5:17)  y nos justifico al llevar nuestros pecados y atribuirnos su obediencia perfecta (2 Corintios 5:21).

En el versículo cuatro el salmista no espera que creamos no vamos a pasar por el valle de sombra de muerte, ni tampoco que si pasamos por este valle no vamos a padecer nigua mal, sino que nos dice que al pasar por ese valle no hay por que temer, por que el Señor estará con nosotros, todos los días, hasta el fin del mundo (Mateo 28:20). La seguridad del salmista y de todo creyente esta en la fidelidad del su Pastor.

En el versículo cinco el salmista habla del cuidado del Señor en medio de la opresión de los enemigos. Y también nos dice como el cuidado pastoral del Señor nos produce gozo abundante.

Es pues que en el versículo seis, David concluye su mensaje también en dos partes.

  1. A las ovejas del Señor, el bien y la misericordia los van a seguir todos los días de su vida. No es por obras o desempeño sino que es “Por amor de su nombre”. David no dice que peleara por las bendiciones, que las buscara o que las ganara, sino que dice que estas lo seguirán.
  2. Por ultimo asegura que en la casa del Señor moraremos por largos días. Nuestra eternidad será morando en la casa del Señor, estaremos por siempre en presencia de su gloria y le veremos tal cual es.

Podemos ver que el fin de este texto no es motivarnos en tiempos de dificultad, sino que es afirmarnos en el fiel cuidado de nuestro pastor celestial, quien nos pastorea con amor, dándonos paz para con Dios, restauración, justificación, liberación del temor, guía, cuidado en la opresión, gozo y seguridad eterna.